Una cuestión de educación?

Ayer entré en el ascensor de unos grandes almacenes. En su interior solo había un señor. Vestía informal y su edad frisaría los cuarenta. Yo esbozo una media sonrisa y saludo con unos buenos días bien articulados, altos y claros, como si declamara poesía en el mismísimo Teatro Real. El congénere no corresponde a dicho saludo. Se queda callado, hierático como un busto de mármol. Lo miro de hito en hito y me hago la siguiente reflexión: cuatro opciones a su incomprensible mutismo; conviene a saber: primera, es extranjero o sordo y no me ha entendido u oído; segunda, es extremadamente tímido, incapaz de saludar a su propia madre, cuanto más a un desconocido; tercera, ha saludado, pero lo ha hecho entre dientes y no me he enterado; cuarta y última, es un jodido maleducado. ¡Misterios de la vida!ascensor

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