De compras con mi esposa…

De vez en cuando acompaño a mi esposa durante sus compras, y he de confesar que la actividad en sí no solo me aburre sobremanera, sino que además llega un punto en que estar de pie tanto tiempo me agota físicamente, toda vez que no suelen disponer los comercios de un triste asiento donde administrar mi resuello. Hemos estado en Madrid recientemente. Obsérvense en la foto las sillas que las tiendas de una calle comercial ubican junto a sus puertas, para que los cónyuges (sea hombre o mujer) que deseen un cierto reposo en el ínterin mercader de su oíslo, no le falten medios para ello. ¡Tomen nota, discretos comerciantes de esta Sevilla de mi alma, de este gozoso y pragmático ejemplo, que sin duda roza la genialidad en su estado puro!img_3324

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